Algunos piensan que Diablo 2 Resurrected es solo un viaje de nostalgia, pero se pierden lo que hace que este ARPG siga dominando el género veinte años después. Todo se trata de esa búsqueda de botín perfecta — pasarás horas farmeando jefes como Baal o Mephisto buscando esa base de runas perfecta o ese objeto único, para luego empezar inmediatamente a planificar tu próximo build de personaje. Las recientes Zonas de Terror y los Amuletos Hendidos (de la Temporada 5) mantienen el endgame fresco, y honestamente, ningún otro juego ha igualado la sensación contundente de un Hammerdin limpiando el Santuario del Caos o una Hechicera de Ventisca teletransportándose por los Túneles Antiguos. No se trata solo de los gráficos — aunque el remaster luce fantástico — es ese ciclo de juego preciso que te engancha en cada reinicio de ladder.

